Kjésed

por Rachelle Wistrand en April 24, 2020

Subiré a mi torre de vigilancia y montaré guardia. Allí esperaré hasta ver qué dice el Señor y cómo responderá a mi queja. Y el Señor me respondió: Escribe lo que has visto, consígnalo en unas tablillas para que pueda leerse sin tropiezo. Es una visión a largo plazo,pero vuela hacia su cumplimiento y no fallará; aunque se demore, tú espérala, porque ciertamente se cumplirá sin retraso. El arrogante no prosperará;el justo, en cambio, vivirá por su fidelidad.

                                                                                             —Habacuc 2:1-4 (BLPH) 

“De alguna manera David pasa de sentirse olvidado a declarar la bondad de Dios. La oración de David da un giro dramático cuando declara: 'Yo confío en tu misericordia' (Salmo 13:5). ‘Misericordia’ es kjésed en hebreo; bien podría ser la palabra más impresionante en las Escrituras. Kjésed habla de un amor que es robusto y musculoso en su núcleo, sin embargo, fluye con tanta extravagancia y abandono que puede ser tomado por necio. Está comprometido más allá de los sentimientos y dedicado más allá de la conveniencia... A través de Jesús, miro el kjésed de Dios, lavando los pies siendo traicionados, muriendo siendo inocente, resucitando siendo rechazado. Cuando veo un amor tan robusto, musculoso y extravagante, el "dios de mis entrañas" se derrumba. Si bien estoy seguro de que seguiré luchando con dudas, mi esperanza es crecer cada vez más en el kjésed de Dios” (Tamara Park, Mosaic Holy Bible New Living Translation p. 313). 

El enfoque de los devocionales de esta semana ha sido la paciencia y la fe. Para muchos de nosotros, nuestros ojos se sienten atraídos por Habacuc que esperó pacientemente a que Dios respondiera. Pero para ser honesto, no creo que la paciencia de Habacuc fuera tan notable. ¿Acaso alguien tiene una fe notable? ¡Lo que más me llama la atención no es la paciencia de Habacuc, sino la abrumadora paciencia de Dios! En nuestro pasaje vemos a Dios pidiendo a Habacuc que espere, lo cual parece casi ridículo cuando Dios ha sido muy, muy paciente con nosotros. ¿Cuántas veces, a lo largo de la historia humana, hemos fracasado y permitido que el mal gane en nuestro mundo y en nuestros corazones? Y sin embargo, ¿cuántas veces Dios ha renunciado a nosotros? ¡Nunca! La paciencia de Dios con nosotros es suficiente para hacernos caer a sus pies y llorar. Su amor por nosotros es tan profundo, tan rico y tan vasto. 

Podemos correr al Señor con nuestra canción de lamento. Podemos acusarlo, podemos dudar de Él, podemos expresar nuestro dolor y temor de la misma manera que Habacuc porque sabemos que su amor por nosotros es vasto, su paciencia nunca termina y Él hará todas las cosas bien. Podemos confiar en Él. 

Dios Todopoderoso y misericordioso, que eres la fuerza de los débiles, el refrigerio de los cansados, el consuelo de los tristes, la ayuda de los tentados, la vida de los moribundos, el Dios de la paciencia y de todo consuelo; Tú conoces muy bien la debilidad interior de nuestra naturaleza, cómo temblamos y nos estremecemos ante el dolor, y no podemos soportar la cruz sin tu ayuda y sostenimiento divinos. Ayúdame, oh Dios eterno y compasivo, ayúdame a poseer mi alma en paciencia, a mantener la esperanza inquebrantable en Ti, a mantener la confianza infantil que siente el corazón de un Padre escondida bajo la cruz; así seré fortalecido con poder según tu gloriosa fuerza, con toda paciencia y perseverancia; seré capaz de soportar el dolor y la tentación, y, en lo más profundo de mi sufrimiento, de alabarte con un corazón lleno de gozo. Amén. (Johann Habermann, 1516-1590) 

Preguntas para reflexión y discusión: Ora a través del Salmo 62. ¿Cómo ha sido Dios paciente contigo? ¿Dónde has experimentado el kjésed de Dios en tu vida?

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