Gozo Parte 2

por Juan Marcos Gomez en December 17, 2020

22 Al cumplirse los días para la purificación de ellos, según la ley de Moisés, lo trajeron a Jerusalén para presentar al Niño al Señor, 23 (como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón[a] que abra la matriz será llamado santo para el Señor)», 24 y para ofrecer un sacrificio conforme a lo que fue dicho en la Ley del Señor: «Un par de tórtolas o dos pichones».

25 Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo[b] del Señor. 27 Movido por[c] el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron para cumplir por Él[d] el rito de la ley, 28 Simeón tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo:

29 «Ahora, Señor, permite que Tu siervo se vaya
En paz, conforme a Tu palabra;
30 Porque mis ojos han visto Tu salvación
31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32 Luz de[e] revelación a los gentiles,
Y gloria de Tu pueblo Israel».

33 Y los padres del Niño[f] estaban asombrados de las cosas que de Él se decían. 34 Simeón los bendijo, y dijo a Su madre María: «Este Niño ha sido puesto para caída y levantamiento[g] de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, 35 y una espada traspasará aun tu propia alma, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».

36 Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada[h], y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio[i], 37 y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. 38 Llegando ella en ese preciso momento[j], daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

 —Lucas 2:22-38 NBLA

En esta tercera semana de nuestro recorrido del agradecimiento a la adoración, de Thanksgiving a Navidad, hablamos desde hace unos días del gozo. 

 Desde un principio consideramos la realidad de poder vivir en el presente a la luz, y con la esperanza, de una realidad futura. También la semana pasada hablamos de ese “fiel amor del Padre, y de Cristo, “que sobrepasa el conocimiento” (Efesios 3:19 NBLA) y que le llevó no solo a pagar ante Dios, como Juez Justo, por nuestras culpas y pecados; pero también a darnos un record de justicia y al ser adoptados a Su familia. 

 Y en esta semana consideramos el capítulo 35 de Isaías, que en el contexto de juicio y disciplina para el Pueblo de Dios, ahora el pasaje se torna a esperanza. Era importante recordar que éste proceso de santificación, que muchas veces es doloroso, Dios lo usa no solo para Su gloria y por nuestro bien, pero inclusive y todavía más, para nuestro gozo completo. 

 Hoy continuamos considerando como el crecer espiritualmente es ir del miedo al gozo y al recordar que no somos huérfanos en este mundo, pero tenemos un buen Padre celestial que guía nuestra vida.  

Pero, cómo podemos ir creciendo en gozosa dependencia de Dios, especialmente en un año como éste?

Precisamente este pasaje habla de dos personajes, nada especiales, no conocidos, de diferentes trasfondos y experiencias, pero interesantemente ambos de edad avanzada. De Simeón y Ana que precisamente estaban viviendo en este espacio en el que nos encontramos nosotros hoy como hijos de Dios.  

Sabemos de las promesas de Dios y Su provisión en el evangelio de restauración de todas las cosas, de Su compromiso a terminar la obra que comenzó en nosotros, pero constantemente nos desanimamos, nos descarriamos, nos afligimos y nos da temor.

 Aquí es que vemos de Simeón y Ana algunas cosas que apuntan al evangelio y sus implicaciones funcionales para nosotros hoy. Es que el evangelio tiene la capacidad de revelar “los pensamientos de muchos corazones” y para ver la provision de Dios para esas dinámicas de nuestro corazón y las cosas que lo atan. 

Simeón dice, «Este Niño ha sido puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción”. (Vs. 34). d

Y es que el evangelio siempre hará esas dos cosas, por un lado confortándonos y recordándonos que somos mucho mas amados de lo que hubiéramos alguna vez imaginado, pero también nos confronta de aquellas cosas que compiten con la adoración a nuestro Dios. 

Es cuando nos damos cuenta que muchas veces ponemos nuestra confianza en esas “cisternas rotas” que no tienen la capacidad para proveernos de la seguridad, significado y satisfacción que buscamos y necesitamos, solo Dios.

De Ana se nos dice que en medio de una situación difícil por la que había pasado por ya muchos años, “daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.” (Vs. 38)

 Ambos habían vivido una larga vida con todas las tragedias y desilusiones que son parte de nuestras historias, como la de Ana, y sin embargo vemos que ella tenía un corazón de agradecimiento y habla a otros sobre este Niño como la esperanza de redención, como el fin de nuestra búsqueda, de nuestras esperanzas y nuestros anhelos más profundos. 

Así entonces, solo al cultivar nuestra espiritualidad en el estudio de Su Palabra, bajo la dirección de Su Espíritu y en comunidad, que nuestra comunión con el Padre va creciendo y Dios va revelando nuestro corazón y apuntándonos a Su provisión. Es un proceso de confrontación y comfort, de arrepentimiento y fe; que sí lleva además intencionalidad y colaboración con la obra del Espíritu, pero que poco a poco va produciendo en nosotros y como una evidencia de Su gracia, una vida de gozosa dependencia de El, una vida del miedo a la alegría.  

“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” Lucas 2:10-11 RVR1960

Preguntas para considerar: 

  • Cómo el estudio de Su Palabra te ha confrontado esta semana a reconocer que estás poniendo tu confianza/esperanza en otra cosa o persona que no es Dios?
  • Cómo la provisión de Dios en el evangelio te ha llevado a poder responder en arrepentimiento y fe?
  • Has orado porque el Señor en Su gracia te muestre como El está haciendo cambios profundos en tu vida y para llevarte en creciente proceso de gozosa dependencia de El?

Oración: Padre, te agradecemos tanto porque no solo podemos examinar nuestro corazón a la luz de tu Palabra y ver nuestra profunda necesidad, pero te agradecemos por Tu provisión en el evangelio. Ayúdanos a crecer en nuestro entendimiento de el de manera que podamos valorarlo y atesorar la obra de nuestro Señor Jesucristo. Produce en nosotros entonces, y como una evidencia de Tu gracia, ese creciente gozo que viene de la “libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Rom. 8:21)

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