¿Cuál es mi misión?

por Michelle Lackemacher en October 23, 2020

"... y si alguien es llamado a las misiones, suba al altar para que oremos por usted".

Me quedé quieto en mi asiento. Ninguna parte de mí se sintió convencida de levantarme y recibir la bendición de ser misionero. "No estoy llamado a las misiones", pensé. Simplemente no me parecía factible, -- ni económica ni prácticamente--, estar viajando por el mundo de esa manera.

Sin embargo, algo no me pareció bien. "Si no soy llamado a las misiones, ¿a qué soy llamado?"

Tratar de descubrir lo que Dios te ha llamado a hacer te lleva a un ensañamiento que abruma el alma. Empiezas a preguntarte quién eres y para qué estás aquí. Me tomó demasiado tiempo darme cuenta de que a Dios no le importa lo que estoy haciendo, siempre y cuando yo elija glorificarlo en mis decisiones.

En lugar de preguntar, "Dios, ¿se supone que debo hacer esto?" Empecé a preguntar: "Dios, ¿hacer esto te glorificará?"

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui extranjero, y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí”

Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?  ¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?”

El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.

                                                                                                            --Mateo 25:35-40

Glorificar a Dios permite que un pedazo de cielo atraviese la tierra. Significa cuidar de las personas lo mejor que puedas, ya sea alguien del otro lado del mundo o al otro lado de la calle. ¿Cuándo fue la última vez que habló con su vecino de al lado o saludó a alguien de pasada? A menudo les digo a mis estudiantes de secundaria que, aunque parte de nuestro trabajo es contarles a otros acerca de Jesús, amar a las personas y vivir la vida con el gozo del Señor hace que se pregunten cuál es la atracción.

Entonces, tal vez nuestro trabajo no sea viajar por el mundo o asumir la plena responsabilidad de la fe de una persona, sino plantar semillas a las que Dios pueda cuidar. Siento una profunda carga por aquellos que no conocen a Cristo. Siempre me preocupo si transmití el Evangelio con éxito. Pero me he dado cuenta de que gran parte del proceso no es mi trabajo. ¿Podemos confiar en que el Señor se encargará del resto?

En pocas palabras, nuestra misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

Preguntas para reflexión y discusión: ¿Cuáles son algunas cosas que puedes hacer hoy, en tu diario vivir, que glorificarán a Dios sirviendo a las personas que te rodean?

Escrito por Michelle Lackemacher

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